Setenta y pico años en los bares de este país y ahora vengo a presentarme. Qué poca vergüenza la mía.
Mira, voy a ser honesta, que es lo mejor que sé hacer.
Llevas toda la vida viéndome en la mesa. En casa de tu abuela, en el bar de la esquina, en esa sobremesa de verano que se alargó hasta las doce de la noche sin que nadie se diera cuenta. Ahí estaba yo. Con mis burbujas, con mi botella y con ese chispazo que lo arregla todo sin hacer ruido.
No he venido a presentarme porque me hayas olvidado. He venido porque me apetece que me veas bien.
Nací el 23 de diciembre de 1953, con nombre de zarzuela y parida por tres gaseoseros de Madrid —Manuel, Félix y Bonifacio— que pensaron que la unión hace la fuerza. Y me bautizaron. La Revoltosa. Genio de barrio, ideas claras, hecha por los de aquí para los de aquí, los bares y las casas. No había postureo. Había sed.
Tuve mi época dorada —quién no la tiene—, con un montón de fabricantes (hasta 39, ¿te lo puedes creer?) repartidos por toda España y un locutor en la SER que repetía como un mantra: la única de verdad es gaseosa Revoltosa. Y tenía razón, oye. Luego vinieron los años revueltos, los cambios, las reorganizaciones… la vida, vamos. Pero yo seguí. En 1998 Refrescos del Atlántico me adoptó, o me rescató, según se mire. Yo prefiero decir que encontré quien me entendía.
Y aquí estoy. Más de setenta años después, con cara nueva.
Porque eso es lo que ha pasado: me he presentado como me merezco. He cogido todo lo que soy —la historia, el carácter, las raíces— y me he reinventado, porque yo lo valgo. Esta es mi nueva identidad. Que ya sabes, a veces solo hace falta abrir el armario y sacar lo que tienes al fondo. Renovarse o morir, chica.
Cuidado, que yo sé para quién soy. Soy para el abuelo que me pedía de joven y para el nieto que me está conociendo ahora. Para quien lleva un bar y para quien se sienta en él. Soy para los de siempre y para los que llegáis tarde. Llevo más de setenta años siendo de todo el mundo, querida. Eso no cambia.
Así que ya sabes dónde encontrarme. Donde siempre: en los bares, en las mesas, en el vaso de quien sabe lo que quiere. Con el mismo burbujeo del bueno de toda la vida.
A mi manera, cariño. A nuestra manera.
— La Revoltosa